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martes, 5 de septiembre de 2017

... sin pecado concebida

El sacerdote le dio la absolución. Doña Blanca se había acusado de mantener, a espaldas de su marido, un romance secreto con Tomasito y no había escatimado detalles. Si le imponía una penitencia leve, puede que ella intuyese que no la creía y lo que el cura deseaba era la felicidad de Doña Blanca, aunque fuera tan solo en su más íntima fantasía.

4 comentarios:

  1. Supongo que el confesor pensó que más valía un desliz adulterado que un adulterio consumado. Una confesión interesante.
    Un abrazo.

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    1. Sutileza siempre en tus comentarios, querida Esther. Gracias por la visita y por tus certeras palabras. Un abrazo.

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  2. Difícil absolución cuando se piensa en la felicidad ajena.

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    1. Hacer el bien es lo importante, lo demás es puro trámite. Ala, qué bien me ha quedado, si hasta parece una cita de un filósofo :) Un abrazo, Rosa.

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